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La guerra sobre Alepo oriental fue una vergüenza que todos vivimos. Allí se repitió lo que hicieron los nazis y los fascistas en muchas ciudades europeas durante la Segunda Guerra Mundial, pero sin que el mundo tuviera el más mínimo deseo de detener a la salvaje bestia. Todos miraban en silencio las escenas de bombardeos de los aviones del gobierno sobre escuelas, hospitales y edificios. Posteriormente, el silencio internacional dio paso a una indiferencia que permitió al régimen ejecutar su plan de aniquilar a los que se habían levantado en su contra con total tranquilidad.En muchas ocasiones, los lectores me preguntan por los personajes de mis novelas: quieren saber si se trata de personajes reales o si los he inventado. Tal vez, alguno de los personajes de mi novela despierte vuestra curiosidad también. Lo cierto es que cojo datos de muchas personas que han sufrido los horrores de la guerra y el picor de sus llamas, y que han probado su amargo sabor. Algunos personajes son reales, personas que me contaron sus historias; otras son personas cercanas a quienes conozco en la realidad, como Leila y su marido, el cirujano Ferhad (los nombres son, evidentemente, ficticios), en esta novela. Los conozco bien y me dolió mucho el destino de su pequeña familia, pues Leila sigue siendo incapaz de articular palabra a día de hoy y vive refugiada con tres hijos en Estambul. Otros personajes son producto de mi imaginación, a fin de completar la escena y contar la amarga realidad. Tras esta novela que os presento, escribí Una vía segura, que puede considerarse la segunda parte de la misma.