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En esta pieza teatral, vamos a recorrer lo mejor y lo peor de la familia, elemental soporte para el ser humano y templo de nuestras divinidades más inmediatas que son nuestros seres queridos. La familia también puede aparecer como prisión sin ventanas ni esperanzas. Están invitados a este culto mistérico de la garra de sus oficiantes. El primero de ellos es Néstor, quien se alza como víctima y divinidad de este culto, como su alter ego, Dióniso. El pater familias, soberano en su recinto, gobierna hasta la náusea el devenir de su oscuro cuerpo sacerdotal. Clara, neófita y a la vez hieródula en su acepción literal, es la sierva del templo y en su sentido más explícito, la prostituta sagrada. Irene, Raquel y Ana, hijas de Néstor, son sus bacantes. Comparten un objetivo común que todo lo cubre y corrompe. Las podríamos denominar la Triple Hécate, divinidad de las Encrucijadas, Brujas y la Luna, con la que comparte la triplicidad de su rostro. Irene, la mayor y la más despiadada, es la Bruja y la suma sacerdotisa en este visceral panteón. Raquel, secunda a Irene, aunque a veces carece de un filo tan agudo como s