La atrapó antes de que llegara afuera y la mandó al suelo de un golpe.
Érika no pudo ponerse de pie de una vez. Todo su cuerpo le dolía.
El chico, al verla allí, se abalanzó contra su agresor y empezó a darle puñetazos en el rostro. De la boca y la nariz del hombre empezó a salir sangre, pero en un movimiento rápido, sacó un arma y le apuntó a él la cabeza.
El tiempo se detuvo.
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