Fijando la calma y vista al fondo del denso bosque olivar, roca a la raíz del árbol destructor, percibo palabras a la cúspide de la montaña del Tabor; inhalada por el amor de santo corazón resucitado. Es vivir rodeado del templo y nube, abriendo palabras al resplandor; ven, hijo a la protección transfigurada. ¡Ven A La Paz Glorificada!
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