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El Liberalismo ha logrado convertir en sentido común su concepción de la política. Según la ideología liberal, la política es una actividad desempeñada por profesionales capacitados por poseer un saber teórico, que ejecutan una actividad de ingeniería sobre la sociedad a través de las instituciones gubernativas y de administración del Estado, mediante la ley, en representación de la ciudadanía. A su vez, la actividad de la ciudadanía se limita al ejercicio periódico del voto. Alternativa al liberalismo es la concepción política Republicana, originaria del mundo clásico Mediterráneo -Grecia, Roma, denominaciones de culturas asentadas en territorios geográficos pertenecientes a tres continentes, Europa, Asia, África- que se ha sostenido y se ha reelaborado históricamente, en variantes originales, hasta el presente. Según la concepción Republicana, una Re pública es una comunidad social, no una simple suma de individuos. La comunidad social se caracteriza no solo por la ley, sino, ante todo, por poseer un modo de vida, una cultura material, buen vivir, o ethos, elaborado en común por la ciudadanía, del cual es orgánica la ley o nomos. La política no es una actividad restringida a los especialistas, sino que exige la participación permanente, creativa, de la totalidad de la comunidad de ciudadanos, tanto en la producción y reproducción del ethos o vivir en común, libre, como en la deliberación soberana de la ley. Las tareas delegadas a sus servidores y ministros -minister: siervo doméstico- son las de ejecución puntual de sus acuerdos. Sin la existencia de un Soberano material, compuesto por el pueblo organizado activo, que delibera sobre el destino de la comunidad, crea su ethos y legisla su ley, no existe República. En ausencia de estas características, el uso de la denominación de Republicanismo para definir la actividad política es una falsificación.