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Cremilo, un honrado labrador ateniense, harto de ver cómo los bribones y los intrigantes prosperan mientras los hombres de bien viven en la miseria, decide consultar al oráculo de Apolo. La respuesta del dios es desconcertante: debe seguir al primer hombre que encuentre al salir del templo. Para su sorpresa, ese hombre resulta ser nada menos que Pluto, el dios de la riqueza… pero ciego, harapiento y miserable. Decidido a cambiar el orden injusto del mundo, Cremilo emprende una empresa tan audaz como disparatada: devolver la vista al dios del oro para que aprenda a distinguir a los merecedores de sus favores. Pero en su camino se interpondrá la Pobreza en persona, que defenderá con apasionados argumentos su papel indispensable en la vida de los mortales. Con un estilo más comedido y una sátira menos feroz que en sus obras anteriores, Aristófanes nos ofrece en Pluto una ingeniosa alegoría sobre la justicia, el trabajo y la verdadera naturaleza de la riqueza. Entre debates filosóficos, delirantes escenas de curación milagrosa y la irrupción de personajes tan diversos como un delator arruinado, una vieja desdeñada o el propio Mercurio mendigando un plato de comida, esta comedia tardía se erige como una reflexión tan aguda como vigente: ¿es el dinero la fuente de la felicidad, o acaso la pobreza es el verdadero motor del ingenio y la virtud?