Standaard Boekhandel gebruikt cookies en gelijkaardige technologieën om de website goed te laten werken en je een betere surfervaring te bezorgen.
Hieronder kan je kiezen welke cookies je wilt inschakelen:
Technische en functionele cookies
Deze cookies zijn essentieel om de website goed te laten functioneren, en laten je toe om bijvoorbeeld in te loggen. Je kan deze cookies niet uitschakelen.
Analytische cookies
Deze cookies verzamelen anonieme informatie over het gebruik van onze website. Op die manier kunnen we de website beter afstemmen op de behoeften van de gebruikers.
Marketingcookies
Deze cookies delen je gedrag op onze website met externe partijen, zodat je op externe platformen relevantere advertenties van Standaard Boekhandel te zien krijgt.
Je kan maximaal 250 producten tegelijk aan je winkelmandje toevoegen. Verwijdere enkele producten uit je winkelmandje, of splits je bestelling op in meerdere bestellingen.
Las sociedades democráticas se enfrentan a diario a problemas políticos extraordinariamente delicados, y es fácil caer en la tentación de recurrir a los tribunales para zanjarlos de forma definitiva. Los ejemplos que nos ofrece la actualidad son infinitos: el proceso de independencia catalán, el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual... Pero ¿es la ley de verdad una instancia inapelable, situada por encima de la política, que nos permite resolver todos los conflictos ideológicos? ¿Acaso no engendra este fetichismo jurídico su propia modalidad de terror e injusticia? Judith N. Shklar, una de las pensadoras más lúcidas y estimulantes de la segunda mitad del siglo XX, fue a lo largo de su vida una firme defensora de la democracia liberal.Sabía que los sistemas democráticos constituyen la única protección eficaz contra la arbitrariedad totalitaria de la que ella misma fue víctima. Era consciente también, sin embargo, de que la democracia no es un modelo político infalible y, con el fin de fortalecerla, consagró buena parte de su carrera a exponer sus carencias. En Legalismo, uno de los frutos más brillantes de ese proyecto intelectual, la autora nos alerta del riesgo que supone convertir la ley en el árbitro último de nuestras decisiones colectivas y olvidar su naturaleza contingente y política. La edición española de Legalismo viene precedida de un completo prólogo a cargo del filósofo Pau Luque -reciente ganador del Premio Anagrama de Ensayo- donde se ofrecen infinidad de claves para interpretar adecuadamente la polémica obra de Shklar, que ya generó un acalorado debate tras su publicación en 1964 y que todavía hoy resultará controvertida.