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Deianira, esposa de Heracles, espera angustiada en Traquis el regreso de su esposo, ausente durante quince meses en empresas que la razón apenas alcanza a justificar. Mientras el héroe somete ciudades y vence monstruos, ella envejece en el gineceo, consumida por los celos y el miedo a perderlo. Cuando por fin llega la noticia de que Heracles vive pero ha caído presa de una pasión por Yole, una joven cautiva, Deianira decide emplear un viejo recurso: un ungüento que, según le prometió el centauro Neso, recuperará para siempre el amor de su esposo. Pero el filtro mágico es veneno. Y la poción de amor se revela como una túnica de fuego que devora vivo a Heracles. Las Traquinias es la única tragedia de Sófocles que sitúa a una mujer madura y fiel como protagonista central. No hay aquí heroínas guerreras como Antígona ni vengadoras como Electra: Deianira ama, duda, actúa por afecto y se destruye por error. Su suicidio, silencioso y digno, es uno de los momentos más patéticos del teatro griego. Frente a ella, Heracles llega rugiendo de dolor, pidiendo la muerte como liberación. La obra explora así la incomunicación entre el hombre público del mito (héroe inmortal) y la mujer privada (esposa mortal). Y, en última instancia, plantea una verdad incómoda: a veces el amor, cuando se ejerce sin conocimiento, mata tanto como el odio.