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Filocleón, un anciano ateniense, ha contraído una extraña enfermedad: sufre una pasión desmedida por los tribunales de justicia. No hay fiesta ni banquete que le interese, solo sentarse en el banco de los jueces, empuñar la piedrecilla del voto y condenar sin piedad a todo acusado que se le ponga por delante. Su hijo Bdelicleón, harto de verlo encerrado en casa por propia seguridad, decide curarle con un tratamiento radical: convertirá la casa en un tribunal privado. La primera causa será un perro acusado de haber robado un queso siciliano, y el juicio promete ser tan absurdo como los que se celebran en la ciudad. Con su látigo cómico siempre en alto, Aristófanes se enfrenta en Las Avispas a uno de los vicios más arraigados de la democracia ateniense: la corrupción judicial, la demagogia de los oradores y la manía de litigar que había convertido a los ancianos en un enjambre de jueces iracundos, vestidos de avispas, armados de aguijones y dispuestos a picar a cualquiera que se cruce en su camino. Entre procesos disparatados, sueños proféticos, fugas por la chimenea y una batalla campal entre padres e hijos, la comedia despliega un retrato feroz e hilarante de la justicia popular cuando es manipulada por intereses ajenos. Una obra que, veinticuatro siglos después, nos recuerda que la pasión por juzgar sin saber puede terminar convirtiendo a los jueces en verdugos… o en víctimas de sus propias artimañas.