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Sade, a finales del siglo xviii, cuando las sombras del terror están dando paso a la luz de la razón, juzga de hipócritas a los cristianos que califican a la lujuria de delito. Se podrá estar o no de acuerdo con la afirmación del famoso Marqués, pero esa fuerza desbordante de la naturaleza que es la lujuria es algo más que un vicio, pues ya sabemos que de vicios privados, y públicos, han surgido también grandes virtudes, la lujuria es una manifestación de Eros, de la creatividad artística o del placer de los descubrimientos científicos, es también y sobre todo, la pasión de aprender, en el sentido más amplio de la palabra, un tipo de conocimiento que es la base de una sociedad más abierta, crítica y libre de manifestaciones dogmáticas que puedan establecerse. En este sentido el presente libro tiene como cómplices de la lujuria a personajes de lo más inesperados: Mozart, Dante, Shakespeare, Buñuel, Picassoà y con ellos un protagonista indiscutible: Don Juan, cuyo viaje por la lujuria incluye el placer, el engaño y sobre todo: la libertad.