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Una bocanada de aire fresco. Un soplo de libertad. Una mirada tierna y compasiva a los pequeños y a los marginados. Una auténtica pasión por la justicia. Una visión positiva y esperanzada de nuestra modernidad y sus acuciantes problemas. Una palabra sencilla, pero comprometida, que "muerde" en las verdaderas realidades cotidianas. Un pastor preocupado por hacer llegar la Buena Nueva tanto a ese 90% de hombres y mujeres a quienes no llega la Iglesia como a ese 10% que siguen aún frecuentando los templos: ése es Jacques Gaillot, el obispo de Évreux. Este libro, carente de todo tipo de pretensiones, permite conocer a un hombre por encima de las anécdotas que le han hecho popular: un profeta "a ras del suelo", profundamente enraizado en el Evangelio y que se atreve a responder, sin rodeos ni prejuicios, a los numerosos interrogantes que le plantea la vida diaria: enfermos que mueren de Sida, prisioneros, objetores de conciencia, pequeños propietarios despojados de sus tierras, divorciados que se han vuelto a casar, jóvenes que no conocen en absoluto a la Iglesia, comunidades cristianas sin sacerdote, etc. Jacques Gaillot es, ante todo, un obispo libre que defiende el legado del Vaticano II, que critica la falta de democracia en el seno de la Conferencia Episcopal, que prefiere que sus curas hablen más de justicia que de disciplina sexual, que sueña con una Iglesia que aspire menos a la "reconquista" de pasados esplendores que al servicio de los marginados, de los excluidos, de las "ovejas perdidas"...