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Al iniciar el estudio de la segunda novela de Ayn Rand, Himno, nos preguntamos: ¿Qué podemos aportar y qué pretendemos decir de una obra que nos sigue pareciendo ôperfectamente modernaö? A nuestro juicio, ambos interrogantes no carecen de interés, están ligados a la experiencia vital de todo profesor universitario que sabe, con Charles Moeller, que se han escrito muchos libros, ensayos y artículos en los que, de una u otra forma, se ha abordado la obra y la personalidad de la autora. Siendo esto verdad, una nueva duda sale a nuestro encuentro: ¿por qué razón debemos adentrarnos en esta incierta aventura, de la que difícilmente saldremos airosos? Solo tenemos una explicación: este estudio encierra un itinerario vital, que no es otro que dar buena cuenta de aquellos escritores cuyo pensamiento, estemos o no de acuerdo con él, han dejado su huella en nuestra vida, y quizá en la de alguno de nuestros lectores. Reconocer esta realidad se nos antoja necesario. No solo por gratitud, sino porque la escritura, siempre enriquecedora y estimulante, nos ha permitido evadirnos de esa rutinaria vida académica en la que s