Standaard Boekhandel gebruikt cookies en gelijkaardige technologieën om de website goed te laten werken en je een betere surfervaring te bezorgen.
Hieronder kan je kiezen welke cookies je wilt inschakelen:
Technische en functionele cookies
Deze cookies zijn essentieel om de website goed te laten functioneren, en laten je toe om bijvoorbeeld in te loggen. Je kan deze cookies niet uitschakelen.
Analytische cookies
Deze cookies verzamelen anonieme informatie over het gebruik van onze website. Op die manier kunnen we de website beter afstemmen op de behoeften van de gebruikers.
Marketingcookies
Deze cookies delen je gedrag op onze website met externe partijen, zodat je op externe platformen relevantere advertenties van Standaard Boekhandel te zien krijgt.
Je kan maximaal 250 producten tegelijk aan je winkelmandje toevoegen. Verwijdere enkele producten uit je winkelmandje, of splits je bestelling op in meerdere bestellingen.
Una novela punk sobre la España de los noventa y las fracturas que dejóEsta es una novela de aventuras, la historia de la peor familia del mundo y el recuerdo de una amistad única entre dos adolescentes sin futuro. Su protagonista, Dolo, es una mujer que creció rodeada de hermanos imbéciles y violentos, entre cuerpos aceitados y veranos infinitos en el litoral levantino. Ahora Dolo es una mujer rota por su pasado, que pasa los días entre psiquiátricos y prisiones recordando sus años lisérgicos como creadora del único anime español que se ha vendido en Japón: Gordo de Porcelana.Pero sobre todo esta novela es una ida de olla que, entre página y página, te cuela lo peor de lo peor del milagro español de los noventa; Felipe González, chabolas, olor a crema solar y a plástico, privatizaciones, la herencia de los GAL.Esta es la parte de los textos de contraportada en la que se dice algo exagerado sobre el libro, pero nosotros preferimos no mentirte: leer a David Pascual es irreversible porque te muestra en un espejo sucio y roto la mentira sobre la que hemos construido nuestra supuesta modernidad. Y te lo pasas tan bien como un mecánico pirómano viendo un coche en llamas que cae por un precipicio.