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Si barroco es lo que se desborda afuera para enroscarse íntimo, ese movimiento es una estrategia para decirse a sí mismo. Ya nada se dice a sí mismo. El desborde del mundo -incluida la estrategia capitalista del despojo- fue tal que esa mismidad ya trae consigo varias vueltas de tuerca. Pero en la poesía de Reynaldo Jiménez sí: es un movimiento de desaparición para crear una intimidad completa. Claro que, avisado por Leibniz-Deleuze, hay un pliegue, una dobladura que es también aviso de salto: aquello permanece agazapado, latente, listo para el zarpazo -o menos bestia: para zarpar del puerto de Buenos Aires al siempre imposible Mar de Los Sargazos. Poesía que no amenace ya no recuerda que es poesía. No sólo que se defienda. Que amenace más allá de todo amén o así sea una memoria de un origen que nunca fue -se crea un origen tan ficticio en poesía que la materia salta feliz.Eduardo Milán Por eso, para el poeta arrastrado por un imperativo de aventura, no importa cerrar frases. Porque ese oleaje ecopómpico esquiva todo entumecimiento. Lo que invoca es más bien el fraseo antes que la frase, el braceo abstracto -por hiperconcreto- entre el brazo y la ola, el frasear que si deja islas como gemas (fraseo/ gama de gemas de nombres/ a la vera del torrente que los seca), no lo hace más que como archipiélagos salpicados por la luz torrencial sobre la que cuajan, continuamente congelados y vueltos a enchastrar por el reflujo que los sacude. (à) Y si el tiempo de la frase, desacelerada, es el instante inmóvil, el del fraseo, en cambio, reverbera en el paradójico simultaneísmo de pasado y futuro, esquivando siempre el presente-detención. Si Reynaldo lo llama a veces presente no es más que para enfatizar su naturaleza de don: súbito regalo preñado de tensores: tiempo dinámico del antedespués. Así se comprende que salirse del tiempo (cronometrado) sea entrarse en el tempo del cuerpo (el antedespués del organismo). Un cuerpo apto para encarnar al Tigre multidimensional.Juan Salzano El más radical de los logros de esta escritura quizá sea el de hacer del poema un constante hacerse que nos coloca ante la presencia/pre-esencia del decir. El poema intensifica a partir del lenguaje el existir. Pide fisiología. O el lector deviene poema o de nada sirven teorías ni poéticas.Benito del Pliego