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Se suele presentar a la Unión Europea como la realización perfecta de la idea de una Europa de los pueblos y la libertad. El presente ensayo desmonta este modo común de entender la realidad. En efecto, un análisis cuidadoso y sin condicionamientos ideológicos revela que en Europa se ha producido una «revolución pasiva» (Gramsci) con la que los dominantes, a partir de 1989, han estabilizado la relación de fuerza capitalista, y lo han hecho eliminando la potencia que todavía, en parte, se les oponía: el estado nacional soberano, con su preponderancia de la política sobre la economía y sus derechos sociales garantizados. La creación de la Unión Europea, triunfo de un capitalismo ya absoluto, se encargó de desautorizar la hegemonía de la política, dando paso al irresistible ciclo de privatizaciones y recortes del gasto público, de precarización forzosa del trabajo y reducción cada vez más tajante de los derechos sociales, imponiendo la violencia económica en perjuicio de los subalternos y los pueblos de economía más débil. Por eso, el único camino para despejar el futuro, para de fender a los pueblos y el trabajo, para seguir en la brecha que fuera la de Marx y Gramsci, tiene que pasar por una crítica radical de la Europa del euro y las finanzas.