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Fallar: la etimología de este verbo toma dos posibles caminos, por un lado, el de equivocarse; por otro el de «soplar hacia algo», «olfatear», es decir, rastrear, rastrear con curiosidad para tratar de resolver una incógnita. Podríamos decir que en este libro Kate Zambreno escribe fallando en ambos sentidos. Dispuesta no sólo a aceptarlo, sino a levantar su narración a partir del error y, por otro lado, con la rotunda entrega a la indagación más sincera.Escribir como si ya hubieras muerto gira en torno a los intentos de Kate Zambreno de escribir un ensayo en torno Al amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert, una novela en la que el autor fran¡cés documenta su diagnóstico y desintegración a causa del SIDA al tiempo que narra la muerte de Muzil (un trasunto de su amigo y maestro Michel Foucault) a causa de la misma enfermedad.Kate Zambreno va y viene en este libro de la amistad a la enferme¡dad, de la enfermedad al cuestionamiento de los sistemas sanita¡rios, de ahí a la obra de Hervé Guibert y de otros muchos artistas que, como gran lectora, sabe poner en relación, y todo esto mien¡tras da cuenta de sus dificultades para escribir siendo madre de una niña de dos años y de nuevo embarazada. Y lo hace acompasando, a veces en vano, su propio agotamiento y dificultad para concen¡trarse con la debilidad, soledad y falta de tiempo de Guibert.Después de los impactantes Mi libro madre. Mi libro monstruo (2022) y Derivas (2023), Zambreno traspasa una vez más los lími¡tes de la forma literaria.