Standaard Boekhandel gebruikt cookies en gelijkaardige technologieën om de website goed te laten werken en je een betere surfervaring te bezorgen.
Hieronder kan je kiezen welke cookies je wilt inschakelen:
Technische en functionele cookies
Deze cookies zijn essentieel om de website goed te laten functioneren, en laten je toe om bijvoorbeeld in te loggen. Je kan deze cookies niet uitschakelen.
Analytische cookies
Deze cookies verzamelen anonieme informatie over het gebruik van onze website. Op die manier kunnen we de website beter afstemmen op de behoeften van de gebruikers.
Marketingcookies
Deze cookies delen je gedrag op onze website met externe partijen, zodat je relevantere communicatie op onze eigen website en relevantere advertenties van Standaard Boekhandel op externe platformen te zien krijgt.
Je kan maximaal 250 producten tegelijk aan je winkelmandje toevoegen. Verwijdere enkele producten uit je winkelmandje, of splits je bestelling op in meerdere bestellingen.
Por fin un libro que nos anima a decir: «Basta ya. Soy un padre imperfecto y estoy orgulloso de serlo». Ser padres hoy se ha convertido en una realidad tan compleja que parece difícil dar con las claves para conseguir su buen desarrollo. Pero, antes de perder el norte, empecemos por el principio: no hay familias perfectas, y este libro ha nacido para reivindicar esa imperfección. En una época de confusión y sobreprotección, Gregorio Luri se atreve a decir alto y claro lo que cada vez parece menos evidente: que un hijo tiene derecho a saber que ser disciplinado es más importante que ser meramente inteligente; que más grave que equivocarse, es no aprender nada de la equivocación; que se puede disponer de mucha información y ser un ignorante; que está muy bien de vez en cuando oír la palabra «no»; y que es imprescindible aprender las cuatro palabras mágicas: «por favor», «gracias », «perdón» y «confío». Este libro va dirigido a quienes tienen asumido ?o a quienes les iría bien asumir? que son «moderadamente imperfectos». Gregorio Luri quiere animar a estos padres no sólo a no arrepentirse de ser lo que son, sino a que cada mañana, en el desayuno, se presenten ante sus hijos con la cara descubierta como unos padres orgullosamente imperfectos. Un breve manifiesto para encontrar las claves del éxito de esas familias «defectuosas » que toca defender.