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El término serendipia procede del inglés serendipity, neologismo acuñado por Horace Walpole en 1754 basándose en el cuento tradicional persa titulado Los tres príncipes de Serendip. Su sabiduría ancestral nos invita a dejarnos llevar por los destellos del azar para descubrir la magia de la vida, ya que los protagonistas de este cuento aprendieron a resolver sus problemas gracias a su imaginación y su instinto. La lectura de los príncipes de Serendip ?antiguo nombre persa de Sri Lanka? es una enseñanza para aproximarnos al misterio, a esas revelaciones que nos llegan a través de increíbles casualidades, coincidencias e, incluso, accidentes. De ahí que la existencia con su cincel nos vaya haciendo más flexibles para cambiar de rumbo aunque nuestro destino sea otro al salir del puerto. Porque, a veces, nuestra mente se empeña en buscar un tono concreto de cielo y, de repente, llega una tormenta o un arco iris de ventura. Todo es aprendizaje. Y, personalmente, ese tesoro del azar me ha hecho vivir experiencias inesperadas y hallar historias que he querido reunir en este libro titulado El oro de Serendip. Perderse por las calles de París, cruzar el Atlántico en Ferry o viajar en un vagón de fumadores atravesando el sobresalto de Despeñaperros? cualquier lugar es perfecto para que el milagro se haga palabra en mi cuaderno.