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El éxito de los nuevos movimientos de extrema derecha no se explica solo por el odio o la ira: el goce sensual que experimentan en la violencia es esencial para entender los complejos, las fantasías y los fetiches del fascismo contemporáneo. Así ocurre con cómo este expresa su racismo, a menudo cargado de erotismo cuando habla de la migración al mismo tiempo como amenaza y seducción para las mujeres blancas. De hecho, parte del atractivo que tiene el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania tiene que ver con las teclas psíquicas que logra pulsar el «racismo sexy» de su propaganda. Algo parecido sucede con la hostilidad obsesiva hacia la discapacidad, relacionada con las ansiedades sobre lo que esta presuntamente le puede hacer al conjunto de la población. Ambos rasgos hacen resonar en el presente ecos de lo más oscuro del proyecto nacionalsocialista.En El nuevo cuerpo fascista, Dagmar Herzog estudia el mundo pasional, emocional e intelectual de los fascismos del pasado y cómo han pervivido hasta hoy sus pulsiones más profundas para que seamos capaces de desactivar sus expresiones actuales.