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Objeto de estudio de Alfarabi en varios de sus libros es la felicidad: el fin de la vida humana es lograr la dicha que se alcanza en este mundo, aquella que tiene que ver con el hombre en general y no con el hombre musulmán en particular. «El camino de la felicidad» pretende mostrar cómo cultivando la virtud el ser humano puede obtenerla. Los hombres nacen con igual propensión hacia las disposiciones buenas o malas del alma, pero, con el transcurso del tiempo, adquieren los hábitos que les inclinarán definitivamente hacia unas u otras disposiciones. Alfarabi está convencido de que la persona tiene capacidad de autodeterminación, lo que supone negar la predestinación. Afirmando su libertad, el hombre crea el camino hacia su perfección última a través de la filosofía o verdadera sabiduría, que comienza con la lógica. Traducida al latín en el siglo XIII, la obra muestra una gran influencia de la «Ètica a Nicómaco» de Aristóteles y divide su reflexión en tres partes: sobre la felicidad y la virtud humana; sobre las virtudes morales, que tienen que ver con la parte apetitiva del hombre; y sobre las virtudes intelectuales, que son las propias de su parte racional.