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Eiffel es el autor del incontestable símbolo de París, cuyo aura irradia el mundo entero. Pero, aunque efectivamente se erigiera para imponer lo que inicialmente era tan sólo una utopía, limitar la obra de Gustave Eiffel a la torre que lleva su nombre sería una simplificación excesiva. A partir de 1856, momento en que al joven ingeniero le encargaron la dirección de la obra de un puente ferroviario en Burdeos ùque le valió el reconocimiento de sus colegas y fraguó su ambiciónù, su estilo se impuso en todos los rincones del mundo. El puente sobre el río Duero en Portugal, el viaducto de Garabit, la estación de Budapest, la sede de correos de Saigón e incluso la estructura metálica de la estatua de la Libertad son sólo algunos ejemplos entre sus más de trescientas obras magistrales. En 1892, su vida cambió: un informe lo vinculó injustamente con el escándalo del canal de Panamá que había estallado tres años antes. Y puesto que se puso en entredicho su honor, Eiffel prefirió retirarseà para seguir innovando aún más: creador vanguardista del primer avión con las alas bajo la carlinga, eminente especialista en aerodinámica, padre de la meteorología moderna, se reveló como un creador polivalente, punta de lanza de la era industrial. Pero el hombre público jamás eclipsó al hombre privado, y Gustave Eiffel les dejó a sus seres queridos el recuerdo de un gran humanista, dotado del más profundo sentido de la familia. Esta herencia es la que su descendiente Philippe Coupérie-Eiffel defiende hoy con pasión al invitarnos a descubrir, a través de unos ricos archivos, en su mayor parte inéditos, no sólo al Eiffel íntimo, sino también al ingeniero capaz de hacer posible cualquier sueño. CON MOTIVO DE LOS 90 AÑOS DE LA MUERTE DE EIFFEL Y DEL CENTENARIO DEL CANAL DE PANAMA Nacido en 1951, PHILIPPE COUPERIE-EIFFEL, es descendiente directo de Gustave Eiffel. Hasta los dieciséis años pasó todas sus vacaciones con su bisabuela Valentine, la hija menor del ingeniero, en las diversas propiedades familiares. Bibliotecas, antenas de radio, laboratorios meteorológicos y objetos extraños han sido asimismo el decorado de su infancia, mientras Valentine le relataba los recuerdos del gran hombre. «Aprende y comprende lo que papá hizo y tú deberás transmitir más adelanteà», le decía. Actualmente, Philippe es el defensor más apasionado de la memoria de su antepasado