Standaard Boekhandel gebruikt cookies en gelijkaardige technologieën om de website goed te laten werken en je een betere surfervaring te bezorgen.
Hieronder kan je kiezen welke cookies je wilt inschakelen:
Technische en functionele cookies
Deze cookies zijn essentieel om de website goed te laten functioneren, en laten je toe om bijvoorbeeld in te loggen. Je kan deze cookies niet uitschakelen.
Analytische cookies
Deze cookies verzamelen anonieme informatie over het gebruik van onze website. Op die manier kunnen we de website beter afstemmen op de behoeften van de gebruikers.
Marketingcookies
Deze cookies delen je gedrag op onze website met externe partijen, zodat je op externe platformen relevantere advertenties van Standaard Boekhandel te zien krijgt.
Je kan maximaal 250 producten tegelijk aan je winkelmandje toevoegen. Verwijdere enkele producten uit je winkelmandje, of splits je bestelling op in meerdere bestellingen.
Entre abril de 1942 y marzo de 1944, Hélène Berr, estudiante en la Sorbona, escribió un diario, un documento emotivo, íntimo y atroz, además de un texto de una madurez literaria asombrosa. Al principio, su amistad con otros estudiantes y profesores, la música y la vida familiar conforman la imagen de una mujer feliz. Junto con sus amigos, toca el violín y se refugia de la cotidianeidad en la literatura inglesa. Pero estamos en el París de la ocupación nazi y su familia es judía. Aunque su padre está completamente asimilado, empieza a asaltarle la preocupación. Y justo entonces se ordena a los judíos que lleven la estrella amarilla. Finalmente, en marzo de 1944, Hélène y su familia son arrestados y enviados a Auschwitz. Viaja en la «marcha de la muerte» a Bergen-Belsen y muere en 1945 sólo unos días antes de que liberen el campo. Las últimas palabras del diario que había mandado que guardaran para su prometido, que estaba en Inglaterra con la Francia Libre, eran: «Horror! Horror! Horror!», un eco terrible y conmovedor de sus estudios de filología inglesa. Prólogo de Patrick Modiano. «Maravilloso diario» (Mercedes Monmany, ABC); «Ella sucumbió, pero nos ha dejado su testimonio implacable y su admirable ejemplo» (Laura Freixas, La Vanguardia); «Léalo, léalo, léalo» (Lolita Bosch, El País).