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Roselyn es la hermana de la vizcondesa Palmerstone, pero sus orígenes son humildes. La buena fortuna hizo que pudiera acudir a una escuela para señoritas y recibir una educación refinada. Su objetivo es encontrar esposo, preferiblemente con título, como todas las jóvenes casaderas. En cambio, esos ilustres lores la ven como una joven atractiva, exótica, de carácter vivaz y muy apetecible para considerarla... su amante. Ante varias proposiciones de esta índole, la reputación y el orgullo de Roselyn se ven afectados. Por suerte, tiene a dos madrinas que conseguirán trazarle la ruta de la venganza. Quien jugó con su corazón pagará por ello. En medio de su particular cruzada se topa con Arthur FitzRoy, que trabaja en el banco de su poderosa familia hebrea: los Rothschild. El banquero tiene mala opinión de las personas que se dejan llevar por el corazón. Cuando conoce a Roselyn no puede menos que compadecerse de la ingenuidad, impulsividad y su deseo de enamorarse, aunque esta lo niegue. A la señorita Townsend este caballero le resulta insufrible, sin embargo, su amistad le será de utilidad para humillar a lord Deerhurst. Para Arthur será difícil no sucumbir a la mujer que hay detrás de la señorita Townsend; para Roselyn, el hombre de mirada burlona que consigue sacarla de sus casillas terminará por poner a prueba la norma que se había impuesto: renunciar al amor.