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"¿Qué palabra es ésta?" (Mc 1,27), se preguntaba la gente que rodeaba a Jesús en los comienzos de su presencia en Cafarnaúm. La expresi ón revela un asombro desconcertado ante el impacto producido por una m anera de hablar a la que no estaban acostumbrados. Como cuando alguien arroja una piedra en el centro de un lago o de un estanque, y el agua quieta se agita, formando círculos cada vez más grandes que se contag ian unos a otros su estremecimiento. "El agua al agua se lo susur ra", podríamos decir con las palabras del Salmo 18: así nos comunicamo s los creyentes, unos a otros, la resonancia que el Evangelio va tenie ndo en nuestras vidas. Eso es lo que pretenden estas páginas, muc has de las cuales ya han sido publicadas en Sal Terrae o en otras revi stas. No son comentarios exegéticos, porque no han surgido de la obser vación y el análisis de los textos, sino de la "alteración" que la Pal abra ha producido en ese "centro del estanque" que es el corazón. Los once primeros c